viernes, 7 de septiembre de 2012

LOS NUEVOS MARXISTAS

NEOMARXISMO


El término n. es una designación cronológica, pero responde a concretas determinaciones lógicas: el movimiento de renovación del marxismo que ha tenido lugar a mediados del s. XX. Aunque los representantes del movimiento han surgido en los más diversos países, su foco corresponde a una definida área geográfica: Europa central.
1. Planteamiento y representantes. Tomado el término n. en sentido lato, su significado cubre una extensión de intereses aproximados a los que abarca el de revisionismo. Dé aceptar este sentido lato puede hablarse de un n. desde la segunda generación marxista, figurando en esa corriente nombres que adquirieron relieve ya en vida de Engels, como es el caso de Bernstein. Pero entonces más bien debería hablarse de neosocialismo de un modo genérico. Lo que ante todo preocupaba a Bernstein, y con él a sus coetáneos Kropotkin, Sidney Webb (v.), laurés, Bebel, etc., era la cuestión práctica relativa al proceso evolutivo del capitalismo al socialismo, problema más de política que de teoría filosófica. De ahí que a esos autores no les ofreciera demasiada preocupación el asunto de salvar la ortodoxia de un sistema como el de Marx. Esta cuestión surge algo más tarde con respecto a quienes, como Mehring, Plejanov, Deborin, Kautsky y Rosa Luxemburg, al aliarse con todo lo que propugnaba el ideal revolucionario, cualquiera que fuera su fuente, quedaban convertidos a los ojos de los seguidores estrictos de los textos de la Ideología alemana o El capital en revolucionarios ilusos o idealistas, incapaces de superar con las armas de su socialismo vulgar o utópico el orden de cosas montado por el capitalismo.
El n. propiamente dicho sobreviene cronológicamente cuando las doctrinas de Marx se han afianzado como socialismo científico, recibiendo su expresión oficial en los programas comunistas que se desarrollan en la U.R.S.S. desde la revolución de 1917. El n. surge así con la intención de proponer una interpretación de la obra de Marx no condicionada a los dictados del aparato oficial, erigido a través del partido en intérprete autorizado de la misma. Este movimiento corre, pues, paralelo a la consolidación de las doctrinas de Marx en sistema rígido bajo la inspiración del partido como lo exigió Lenin (v.), y bajo la política cultural del régimen jerarquizado como lo estableció Stalin (v.). Con la muerte de este último (1953) y con la denuncia de la dictadura personalista que caracterizó su mandato hecha por Kruschov (1956), los esfuerzos dispersos del movimiento salen a plena luz, tomando carta de naturaleza la tendencia agrupadora de muchas figuras que ofrecen profundas diversidades entre sí, pero que coinciden también en muchos rasgos. Esta tendencia genérica es la que propiamente merece el calificativo de neomarxista. En ella coinciden viejos disidentes desarticulados en la época del comunismo monolítico y jóvenes intelectuales que se dan a conocer en el ambiente de las tendencias policéntricás y liberalizadoras que vienen después.
Geográficamente este n. puede tenerse por fenómeno europeo continental. A él se suman figuras como las del francés Lefébvre, el italiano Gramsci, el alemán Habermas, el húngaro Gyórgy Lukács (v.), el suizo Goldmann, el polaco Schaff, el checoslovaco Kosik. Podrían añadirse otros muchos nombres: Garaudy, Mury, Korsch, Adorno (v.), Luporini, Delta Volpe...
Sigue siendo pieza central de la corriente neomarxista el materialismo (v.), pero paliando algunas de sus consecuencias -denunciadas por la historia y puestas de especial relieve al difundirse en los ambientes culturales europeos los intereses antropológicos y existencialesmediante el recurso a algunas ideas sobre la creatividad humana. Ya los mismos Marx y Engels se sintieron incómodos ante el problema de interpretar la historia y sus contenidos partiendo de una base rígidamente económica, y es precisamente en las oscilaciones de éstos donde se apoya el n. La estructura material de la historia tuvo que ser ampliada por el propio Marx en contacto con la nueva fundamentación de la biología hecha por Darwin (v.) y con la interpretación positivista de la cultura, p. ej., la de Taine (v.). La fe en el economismo que traduce el prefacio a la Crítica de la economía política fue en parte minada por el propio Marx en la introducción que preparó para esa misma obra. Esa introducción, que no fue publicada en tiempo de Marx (lo hizo más tarde Kautsky), ha pasado a ser pieza clave en el n., concretamente en Lukács (P. Demetz, Marx, Engels y los poetas, Barcelona 1968, 100-101, 194, 205).
El n., según eso, es una forma de revisionismo estricto. Opera sobre Marx desde dentro, pero recusando la interpretación dogmática u oficial. Es el sentido que tiene la declaración de Lefébvre cuando afirma: «una sistematización se derrumba: el dogmatismo marxista» (Problémes actuels du marxisme, o. c. en bibl. VIII); o cuando Lukács precisa: «Marxismo ortodoxo no significa adhesión sin críticas» (Histoire et conscience de classe, o. c. en bibl. 18). Cierto que ninguno de los representantes del n. aceptará ser tenido por revisionista reformador, pero es, no obstante, una calificación acertada. Supuesta esta determinación genérica del significado y situado el n. dentro de movimientos comunistas, conviene especificar más detenidamente algunos de sus rasgos.
2. Rasgos concretos del movimiento. a) El n. implica un intento de vuelta a Marx, para darle una interpretación diversa de la oficial. Frente a la línea dogmática se invoca el núcleo de la doctrina, tratando de podar al sistema de aquellas partes que, a juicio de los neomarxistas, no son esenciales, sino que -dicen- respondían a las condiciones de la época en que se formuló, pero no son exigidos por su lógica interna; y, en cambio, subrayar otras que -según ellos- tendían a quedar en segundo plano en la interpretación dogmática de Marx; entre ellas, la dialéctica.
b) Del conjunto de la obra. de Marx adquieren especial relieve para estos autores los escritos de la época de juventud, gran parte de los cuales fueron desconocidos para los primeros teóricos del marxismo. Entre otros títulos se insiste en los Manuscritos económico-filosóficos. Pero se tiende a salvar la continuidad, buscando, p. ej., en El capital el desarrollo de tesis que presiden todos los análisis anteriores, aunque en ocasiones obren implícitamente. Así Lefébvre insiste en que «el desarrollo de su pensamiento -la teoría económica- no destruye sino explicita y enriquece el humanismo concreto» (Le matérialisme dialectique, o. c. en bibl. 83). «El socialismo científico de Marx, incluyendo numerosas modificaciones esenciales respecto a la forma del socialismo heredado de sus predecesores, sin embargo, lo deja intacto en cuanto a su punto de partida: el hombre y su causa» (A. Schaff, La concezione marxista dell'individuo, Morale e societá, Roma 1966, 66). Con la vuelta al Marx joven adquiere importancia la filosofía de Hegel. Los neomarxistas son por eso acusados de liquidar a Marx en favor de Hegel. La respuesta de los representantes del n. es que, como repetidamente lo afirmó el propio Marx, Hegel no puedeser considerado como un «perro muerto»; y concluyen diciendo que no se trata de retroceder a Hegel desde Marx, sino de pasar por Marx leyendo a Hegel. Las controversias a este respecto pueden verse centradas en torno a la crítica que suscitó la obra primeriza de Lukács, Historia y conciencia de clase (1923).
c) La vuelta al Marx joven significa colocar en primer plano los intereses antropológicos, bajo la forma de una filosofía humanista. Los neomarxistas hablan así de trasformar el sistema marxista para llegar a un «humanismo total». Las nociones de cosificación, alienación, subjetividad, persona, tienen así un gran relieve en la polémica entre estas dos corrientes del marxismo (cfr. D. Bell, El debate sobre la alienación, en Varios, El revisionismo. Ensayo sobre la historia de las ideas marxistas, Madrid 1968, 299-325). La versión dogmática del marxismo -dicen los n.- tiende hacia el totalitarismo, y el totalitarismo «se opone a la realización total del hombre», ya que en él se vacía a los sujetos de su interioridad, de su conciencia y motivos personales, instrumentalizándoles al servicio ciego de una causa (Lefébvre, Le matérialisme dialectique, o. c. en bibl. 133, 152).
d) El tema del hombre total es interpretado por los n.. como la «autocreación del hombre» mediante la praxis. De esta forma la discusión se centra sobre las relaciones entre la infraestructura socioeconómica y las superestructuras culturales. La idea de una resultancia mecánica de estas últimas a partir de las primeras -propia de la interpretación dogmática del marxismo- cede el puesto -en el n.- a la afirmación de una interacción dinámica. La mayor parte de los neomarxistas son intelectuales de formación humanista, que no se resignan a aceptar la especie de volatilización del «mundo del espíritu» que se deriva de la interpretación economicista de Marx: de ahí su postura. Son criticados por los marxistas oficiales, que les acusan de liquidar el materialismo histórico -una de las dos aportaciones fundamentales de Marx, según Engels-, derivando así hacia una nueva forma de idealismo. Los n. se defienden diciendo que el tema suscitó escrúpulos en el propio Marx como manifiesta la ya citada «Introducción» a la Crítica de la economía política.
e) En dos esferas incide fundamentalmente este subrayado de lo supraestructural: en la del arte y en la de la moral. La cuestión relativa al arte significa una toma de posiciones respecto al «realismo socialista». Entronizado como estética oficial del marxismo desde 1934, implica entender el arte como reflejo exacto de los cambios históricos hechos conciencia en la jerarquía inspirada del partido. La inteligencia tenía asignado el cometido de fabricar armas para la lucha en vistas al triunfo comunista: su ley era la disciplina y el servicio. Contra este concepto de la estética reacciona, p. ej., Lukács, no sin zigzagueos, postulando un «gran realismo», que, sin romper con Marx, tenga la vista puesta en el progreso y la libertad. Al redactar, al final de su vida, el sistema de Estética, aboga por una continuidad cultural, en la que salta a primer plano Aristóteles (P. Demetz, Marx, Engels y los poetas, 291). Al publicar Schaff El marxismo y el individuo humano (1965), se observa que emprende una defensa de la persona en un contexto en que, sacando a plena luz la obra de Lukács, postula francamente la libertad para la inteligencia y la obra de creación.
f) Más importante si cabe y más significativo es el tema moral. De Marx se ha dicho que, con mentalidad de moralista, excluyó de su obra la moral (R. Tucker, Philosophy and Myth in Karl Marx, Cambridge, USA, 1967, 11-27). Frecuentemente se ha visto el socialismo científico incompatible con cualquier forma de tratado ético. Sin embargo, los mismos marxistas encontraron incómoda esta laguna y se apresuraron a intentar llenarla. El marxismo dogmático acudió para ello a procedimientos parecidos a los empleados en relación con la estética, es decir, por medio de dictados. Pero la moral así establecida forma parte del aparato totalitario, manifestándose como instrumento de represión, y evacuando el significado mismo de la dialéctica. El n. se caracteriza por acentuar los aspectos éticos dándoles un tono libertario y diciendo que ésa es la explicación adecuada de ideas fundamentales del propio Marx, aunque sólo implícitas en su obra (G. Della Volpe, Umanesimo positivo e emancipazione marxista, o. c. en bibl., 128). Su posición consiste, pues, en afirmar que, por debajo de las ideas económicas de Marx, hay un mensaje ético, un fundamento humanista, que es lo que le da su fuerza radical. En otras palabras, si cabe describir la posición del propio Marx como la afirmación de la identidad entre filosofía y economía, ética y ciencia, hombre e historia; el marxismo dogmático acentúa el momento económico y científico; mientras que el n. proclama, en cambio, la filosofía, la ética y el hombre frente a la economía y la ciencia.
g) Las consecuencias prácticas de esta toma de posiciones son amplias. Así los neomarxistas sostienen que en el terreno político se impone hoy el policentrismo revolucionario; en el terreno social, la coexistencia, y en el cultural, el diálogo. .El marxismo oficial ha denunciado estas tomas de posición como una capitulación; quienes las defienden afirman que se trata de una realista vuelta a Marx para revalidar sus tesis en las condiciones históricas del presente.
3. Visión de conjunto. Un juicio valorativo sobre la corriente neomarxista, cuyas ideas fundamentales acabamos de exponer, puede hacerse tanto desde el punto de vista político como del filosófico. Por lo que respecta a lo primero hay que señalar que si bien el n. ha tenido amplio eco en ambientes universitarios e intelectuales, no ha conseguido hasta ahora dar lugar a un movimiento político de envergadura o a una revisión de las posiciones de los partidos comunistas. Su influjo se ha mantenido en los ámbitos académicos, alcanzando todo lo más a grupos minoritarios o a movimientos de juventud cuya consistencia o posibilidad de incidir fuertemente en la acción política aún no ha sido demostrada.
Desde la perspectiva filosófica el n. representa, como decíamos, un intento de renovar el marxismo poniéndolo en relación con ideas antropológicas provenientes tanto del antiguo pensamiento ilustrado como del moderno existencialismo. Ese intento puede a su vez ser juzgado o desde la perspectiva de la historia interna del pensamiento marxista y de las perspectivas sociológicas con él relacionados, o, más radicalmente, desde la perspectiva de la verdad filosófica sin más.
En cuanto momento de la historia del pensamiento marxista, el n. tiene un indudable interés, ya que implica la pretensión de clarificar la substancia del pensamiento del propio Marx distinguiendo entre el núcleo de su mensaje teórico y aquellos elementos circunstanciales no derivados de ese núcleo, sino producto de los condicionamientos culturales y sociales de la época en que vivió. Eso desemboca en un intento de repensar las relaciones entre estructuras y superestructuras, entre economía y capacidad crítica y creadora del hombre. ¿Es legítimaesa distinción tal y como los neomarxistas la entienden?; ¿son ellos o los marxistas oficiales los que aciertan en la interpretación de Marx? Tal es el debate planteado.
Marx poseía gran sensibilidad cultural, desarrollada durante sus estudios en el seno de una universidad dominada por lo que en la primera mitad del s. xtx se llamaba la «filosofía alemana», es decir, la línea de pensamiento que culmina en Hegel. Habiendo ya tomado la decisión de dar concreción histórica a esa filosofía, diversas vicisitudes le pusieron en contacto con preocupaciones sociológicas en Francia y con preocupaciones económicas más tarde en Inglaterra; Marx llegó así a su postura definitiva: la historia económica es el sustrato de la historia total. La filosofía se prolonga así -y en cierto modo se cambiaen una teoría social o un economismo histórico. En las diez líneas introductorias a Miseria de la filosofía, Marx deja planteada su posición haciendo referencia a Proudhon (v.). Proudhon -comenta- no es aceptado en Francia por sus resabios de filósofo alemán y tampoco lo es en Alemania por sus resabios de economista francés. En cuanto alemán filósofo y economista, Marx protesta de ese malentendido, aprovechando la ocasión para criticar la filosofía alemana al tiempo que desarrolla su pensamiento en términos de economista político (Misére de la philosophie, París 1947, 29).
Es así -en síntesis- como Marx llega a la afirmación de la identificación entre filosofía y economía: es la historia económica -la historia de las relaciones de producción- lo que realiza la conquista de la identidad entre hombre y naturaleza que la filosofía hegeliana lleva a concebir como ideal. Prolongando esa conclusión, y basándose en lo que creía percibir dada la situación económica de su tiempo, Marx desarrolla algunas de sus tesis más clásicas: el convencimiento de que la humanidad iba a entrar en una inmediata fase revolucionaria; el asociar la revolución a un alto grado de industrialización; el suponer como necesaria e inminente la descomposición mecánica del capitalismo; el imaginar una fase de progresiva depauperación del mundo asalariado, etc. Sus discípulos vieron que la historia desmentía las profecías de Marx: el capitalismo ha sobrevivido, encontrando fórmulas y recursos internos para integrar los antagonismos; el comunismo se ha aliado con una de las más poderosas máquinas estatales; el proletariado ha perdido su fuerza revolucionaria, incluso y particularmente en los países socialistas, etc.
Ante esa realidad se impone a los continuadores de Marx la necesidad de realizar una renovación del marxismo. Eso puede realizarse por vía de mera actualización: es decir, sosteniendo que permanece intacto todo el sistema intelectual de Marx y que sólo han variado las circunstancias de aplicación; es decir, afirmando que Marx no acertó en algunas de sus predicciones empíricas pero que eso no afecta a ninguna de sus ideas centrales. Puede darse un paso más, llegando así a un revisionismo: es decir, sosteniendo que esas deficiencias en las predicciones de Marx son signo de una deficiencia de los mismos principios y, por tanto, emprendiendo la tarea de revisar el sistema entero.
Es esto lo que hacen en realidad los n.; de ahí su vuelta al joven Marx, el intento de detectar líneas de fondo que -dicen-, presentes en el Marx inicial, han sido poco subrayadas por el Marx maduro, etc. Así llegan a la posición que hemos antes descrito, y que podría calificarse de marxismo de conocimiento o marxismo humanista; rechazan que el marxismo se resuelva en una teoría económica omnicomprensiva y subrayan el factor superestructural como elemento de acción histórica, insistiendo en la creatividad humana. Hasta qué punto eso es coherente con el núcleo del marxismo (es decir, con la visión materialista de la historia) que ellos pretenden mantener, es algo que puede dudarse. Y en ese sentido las acusaciones de incoherencia que los marxistas dogmáticos dirigen a los n. no carecen del todo de fundamento.
En cualquier caso -y esto interesa especialmente ponerlo de relieve - estos autores, en la medida en que no acaban de superar el materialismo de Marx, inciden más o menos netamente en el ateísmo, y, por tanto, se incapacitan para fundamentar un auténtico humanismo. Han advertido las contradicciones que existen entre la praxis marxista y la creatividad y la libertad humanas, pero no han sabido elevarse hasta la percepción de la raíz filosófica de esas contradicciones (que no es un mero error de juicio histórico, sino el ateísmo que domina todo el pensamiento de Marx, tanto el joven como el adulto), y, por tanto, continúan en realidad sometidos a ellas.
4. Nuevas tendencias. Derivación en cierto modo de la tendencia neomarxista estricta que se ha descrito, es el escatologismo de Ernest Bloch o el utopismo de Herbert Marcuse (v.). La posición de estos autores podría calificarse también de neomarxista, o, tal vez mejor, de novísimo-marxista. Pero, como van más lejos que los anteriores -que los calificarían de humanistas un tanto alejados de la realidad-, deben ser citados aparte.
Un movimiento de revisión de las ideas de Marx muy diverso de los mencionados hasta ahora, es el derivado de la filosofía estructuralista. El estructuralismo (v. ESTRUCTURA) sustituye la dialéctica por modelos formales significativos en función de los cuales se explica la historia. El antihumanismo de este movimiento le coloca en el extremo opuesto de los existencialistas y de muchos neomarxistas. Tal vez por eso L. Althusser -el autor más cualificado de esta tendencia- se presenta a sí mismo como el intérprete genuino y científico de Marx. Para ello toma a la letra la resolución que hace Marx del hombre en la VI de las Tesis sobre Feuerbach en el «conjunto de relaciones sociales», sostiene que no puede hacerse un estudio científico del «conjunto de relaciones sociales» si no es «a condición de prescindir completamente de los servicios teóricos del concepto del hombre»; concepto que -dice- al igual que el de humanismo, «no intervienen ni una sola vez como conceptos teóricos» en los análisis de Marx del hombre real (Althusser, Pour Marx, o. c. en bibl. 254-255).
Señalemos finalmente que la línea media entre el utopismo y el cientifismo en que se escinde el movimiento de revisión del marxismo, no tiene fronteras claras. Así Luporini y Goldmann -este último seguidor de Lukácsofrecen contactos con la tendencia estructuralista. En líneas generales cabe decir que si aquellos autores en los que domina el interés práctico ético, tienden a una interpretación utópica del marxismo (de ahí, el n. y en última instancia Marcuse); mientras que en aquellos que domina el teórico-científico abandonan las consideraciones morales, cargando el acento en la estructura formal del sistema (como ocurre con Althusser).

V. t.: MARX Y MARXISMO; COMUNISMO; LENIN Y LENINISMO.


BIBL.: Entre los libros más significativos del n., cabe citar G. LUKÁcs, Histoire et consciente de classe, París 1960; H. LEFEBVRE, Problémes actuels du marxisme, París 1963; íD, Le matérialisme dialectique, París 1959; G. DELLA VOLPE, Umanesimo positivo e emancipazione marxista, Azzate (Varese) 1964; L. ALTHUSSER, Pour Marx, París 1967.


S. ÁLVAREZ TURIENZO.


Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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